"Si la ciencia comprueba que alguna creencia budista es incorrecta, entonces el budismo tendrá que cambiar".
Dalai Lama
Trabajaba yo en Bioestadística en la Universitat Autònoma de Barcelona y había allí estudiantes mexicanos haciendo estancias pre y post doctorales. Muchos eran médicos. Uno de ellos, Héctor, había trabajado en la zona de Chiapas, una de las regiones más desfavorecidas del país. Su misión allí había sido educar a la población en materia sexual, métodos anticonceptivos, control de la natalidad, etc etc... Contaba que los chiapanenses, por su educación, eran muy reacios a aceptar condones cuando se los daban en mano y que la única solución era dejar la caja, con montones y montones de gomas, en algún lugar público (una escuela, una discoteca, un bar) y entonces sí, entonces desaparecían todos....
Y todo esto, ¿a qué viene? ... ah sí. A bordo del avión que le llevaba a África, el nuevo salvador del mundo, Ratzinger (nadie le llama Benedicto, vete tú a saber porqué) dijo que el SIDA "no se puede resolver con eslóganes publicitarios ni con la distribución de preservativos", y que éstos, "al contrario, sólo aumentan los problemas". Recordemos que este individuo habla (cuando lo hace de religión) en nombre de Dios. "La única vía eficaz para luchar contra la epidemia es la humanización de la sexualidad", añadió, "una renovación espiritual", destinada "a sufrir con los sufrientes". Es decir, abstinencia y oración en este valle de lágrimas. Pregonar "la fidelidad dentro del matrimonio heterosexual, la castidad y la abstinencia" como solución está muy bien, pero me da a mí que no son ésos los motivos por los cuales ha bajado la incidencia de SIDA en el primer mundo. Aunque claro, de estas cosas seguro que saben más los del Vaticano.
Os cuento otra anécdota (la última) que leí hace tiempo en un libro que me regaló mi amiga Hafsa sobre el Dalai Lama, y que me impresionó mucho. El periodista que lo escribe, explica que estando en México durante la primera visita del papa Juan Pablo II, ocurrió lo siguiente:
La noche en que llegó (el Papa), un amigo médico me había invitado a cenar. Llegué con un ramo de flores en la mano. Llamé al timbre. Una mujer me abrió la puerta y vi que estaba llorando. Entré, muy sorprendido. Había varios hombres y mujeres (algunos eran médicos) muy abatidos. Dos o tres de ellos también lloraban. Les pregunté qué ocurría. Mi amigo me dijo: "¿Es que no has oído lo que ha proclamado en su primer discurso?", "¿Quién?", le pregunté. "¡El Papa!".
- ¿Y qué había dicho? - pregunta el Dalai Lama.
- Lo que dice en todas partes: "Mexicanos, mexicanas, debéis tener todos los hijos que Dios os envíe." Con unas cuantas frases, aquel hombre de avanzada edad, célibe por vocación, acababa de destruir diez años de pacientes esfuerzos de aquellos hombres y mujeres de buena voluntad para difundir algunos métodos anticonceptivos en un país seriamente afectado por lo que los ecologistas norteamericanos llaman "la bomba P". La P hace referencia a población. Para aquel grupo de médicos había que volver a empezar de cero.
