Un día de estos ha sido el día de la poesía. Yo no sabía que había un día dedicado a la poesía... ¡qué cosas! En uno de los periódicos digitales que consulto mientras hago como que como, plantearon una pregunta: "¿Para qué sirve la poesía?". Y yo, que de poeta no tengo nada, pensé... mal país este en el que alguien se plantea esa pregunta.
Algún día después, salía del curro sin tiempo para pensar y entonces la vi. Una mujer de unos 70 tacos, en bata de estar en casa, en zapatillas de andar por casa, acercándose a unos de esos contenedores modernos que asoman sus sucias bocas fuera de su madriguera. La mujer caminaba como reo al patíbulo, resignada pero con paso firme, recorriendo la inevitable senda para depositar, al lado del contenedor, una jaula aviejada pero limpia, y vacía. Era, sobretodo, una jaula vacía. Pensé que se le habría muerto el canario y pensé que ya no quería más canarios en su vida, y por eso tiraba la jaula, y pensé que era una putada no ser poeta para poder expresar con palabras el significado de su rostro, de su forma de caminar, de su forma de mirar alternativamente a la jaula vacía y a la insaciable boca del contenedor. Lástima que no hubiera ningún poeta cerca.
Hoy, conduciendo hacia el curro, en una de las escombreras que adornan las cunetas de la M40, un ciclista pedaleaba parsimonioso entre montañas de escoria. No pensé nada. O quizás no quise pensar que él, el ciclista, me miraba a mí, un conductor pensativo entre montañas de coches estresados, con la misma extrañeza con que yo le miraba a él... No sé qué diablos significa un ciclista entre tanta mierda... pero supongo que es la metáfora de... algo... no sé expresarlo... Ya lo dije antes, yo no soy poeta.
Supongo que para eso sirve la poesía, ¿no? Para expresar con palabras sentimientos que, de otro modo, no hay manera de expresar.
Os dejo con la última poesía que escuché:Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
Miguel Hernández
El Rayo que no cesa
El Rayo que no cesa