Una noche con El Brujo


En el teatro Infanta Isabel nos juntamos un grupo de amigos para pasar "una noche con El Brujo", Rafaél Alvarez, capaz de llenar un escenario con una mesa, un par de libros, una vela, dos flores, y por supuesto, su palabra.

“En un principio ya existía la palabra y en ella había vida y había luz, y ella brilló en las tinieblas; pero las tinieblas no la comprendieron”.


Una noche divertida en la que El Brujo recita y comenta algunas de sus lecturas clásicas favoritas, Fray Luis de León, Quevedo, Santa Teresa de Jesús, Cervantes...

La estación


El no lo sabía, pero esa tarde de otoño iba a ocurrir una de esas historias que aquél que tiene la suerte de vivir a menudo, de tanto y tanto vivirlas, es incapaz de sentir. Afortunadamente él no tenía esa suerte. Había pasado un día más de trabajo, cómo tantos otros. Ahora estaba en la estación, esperando el único tren que le llevaría a casa. Tenía tiempo, tomaría un café. La cafetería de la estación era de esas modernas en las que la barra es como una isla en medio de un mar de sillas, mesas y tauretes, sin pared alguna que indique donde comienza y donde termina. Detrás de la barra, allá dónde debería haber un cristal, no había nada, y era posible ver el otro lado de la cafetería, ver la estación y sus movimientos. Y absorto en sus pensamientos, allí es donde él dirigió su mirada. Y se encontró con un espejo. Por un momento lo creyó así. Ella le miraba a los ojos desde el otro lado. Su mirada se colaba entre la máquina de zumos y una estantería llena de botellas de ron. Pasó una milésima de segundo de más y supo que estaba llegando al límite, ella miraría hacia otro lado de un momento a otro, pero no lo hizo, y él, tampoco. Ninguno de los dos desvió la mirada. El camarero se acercó y ella tuvo que inclinarse un poco para poder seguir mirando en los ojos de él. Sin duda, era a él a quién ella buscaba. Pensó que estaba equivocada, por un momento sintió que ella realmente creía que allí había un espejo y por eso al encontrarse con su mirada, sonreía. Ahora estaba feliz, él era su espejo. Se puso nervioso, extrañamente excitado. Algo le distrajo, un ruido, una palabra dicha a su lado por una persona anónima. Cuando miró de nuevo, la mujer seguía allí, y su mirada también. Bebía de una taza de café. Estuvo tentado de acercarse a ella y preguntar. Hola, ¿nos conocemos?. Pero sabía que ella sabía que no se conocían de nada, y no quería preguntar algo tan evidente. Sin embargo, no pudo o no quiso detener a su imaginación...Hola ¿nos conocemos?, Hola, creo que no, Soy Lucas ¿y tú?, Me llamo Raquel, Encantado Raquel, Encantada Lucas, Y tú, ¿vas o vienes? Sonrió mirando hacia los andenes, lejos de ella, y se dió cuenta al instante de que ella sí le miraba a él. El día, que no había sido especialmente amable, se había iluminado, y supo que esa mujer, esos ojos, habían conseguido cambiar su estado de ánimo. No quería nada más. Volvió a mirarla para comprobar lo que ya sabía. Se alejó de allí, sonriendo, dejando tras de sí a la mujer. En el último momento, justo antes de bajar las escaleras de la estación se giró. La figura de la mujer era realmente hermosa. Sentada de espaldas a él, apoyados los codos en la barra, bebiendo de su taza. Ella no se giró y él se sorprendió a sí mismo admirando el cuerpo de ella. Jamás volvería a verla.

Arundhati Roy


Arundhati Roy es una escritora india. Hoy la descubrí en un trozo de papel que alguien tenía pegado en su puerta.... decía así:

"El único sueño que vale la pena tener es que vivirás mientras estés vivo y no morirás hasta que hayas muerto"

Creo que si se quiere saber más sobre ella sería bueno leer "El final de la imaginación" y quizás..."El dios de las pequeñas cosas"...¡ah!, y también se puede buscar qué quiere decir esa frase....

Hasta pronto

Roturas


Roturas es un pueblo chiquito en la ribera del Duero, al lado de Pesquera. El pasado Sábado cenamos en "La Bodega Escondida", donde José Gozalo y familia nos atendieron de maravilla. Especialidad: "las tres piezas". Pero preguntad antes de ir, Gozalo se iba ahora a su otro trabajo, cooperante de Médicos sin Fronteras..¡Volveremos!... hay que explorar las rutas de los alrededores.

Emilio Ibañez, músico cubano


Ayer nos pasamos por el Rincón del Arte Nuevo, un local de esos en los que no te cuadra el precio de la bebida... lo mires por donde lo mires, no cuadra. Actuaba Emilio, un músico cubano al que merece la pena oir en directo. Entre canción y canción nos regaló una frase de Serrat:

"Si cuando se abre una flor, al olor de la flor, se le olvida la flor."

Aquí os dejo una dirección con algo de su musiquilla....