Perigord 2011 (I)

Me vine al Perigord a hacer mermelada de Fresa en casa de Madame Camacho. Un amigo de una amiga me prestó su pequeña bici y no pude resistirme a hacer una ruta por la campiña Francesa. El mal tiempo no me detuvo, la lluvia no me detuvo, me calé hasta los huesos,... cerca de Sigoules una enorme tormenta, truenos, relámpagos, entre viñedos, bosques, castillos y bodegas...¡la fiesta!

Justo después de esta foto me dí la vuelta... directo a la Rue de L'Engine, directo al médico... infección, antibióticos, análisis, laboratorios, uf uf... menos mal que tenía traducción simultánea de Mademoiselle Camacho...

Dos días después estoy medio recuperado... la casa huele a mermelada... escribo desde el café de un amigo de una amiga, café París,... estoy pensando en salir a dar un paseo... llueve... hay una ruta cerca de Issigeac... llueve...

Un día de estos... (II)

Un día de estos subiré una puñetera cuesta que hay cerca de mi pueblo... Unido a un grupo de dos bomberos salí camino de la Gran Magra. La Gran Magra es una ruta pequeñita que hay entre el castillo de Peñafiel y Mélida. Apenas son 200 metros de subida... y apenas 20 metros malos, muy malos. A esos 20 metros llegas con la lengua fuera y las fuerzas justas... y encima, en esos 20 metros las ruedas de la bici no se agarran ni pá dios, el suelo se convierte en un auténtico camino de cabras, con enormes chatarones (que es como se le dicen en mi pueblo a los cantos rodaos)... Si te levantas en la bici para coger impulso, ¡al suelo!... si intentas subir por fuerza con un desarrollo muy chiquitín, ¡al suelo!... si eres bombero, ¡al suelo!, si has hecho un ironman (3 kilómetros nadando, 180 en bici y un maratón... todo seguido), ¡al suelo!... Y si eres un escritor de blog con el cuerpo de pichiglás... ¡al suelo!... ¡puñetera cuesta!. Daríamos por imposible la aventura de no ser porque uno de nuestro pueblo, uno al que creemos, dice que él sí la ha subido... ¡hay que joderse!. Después de hacer esta foto hice mi segundo intento sobre la bestia... y... ¡al suelo!... con sangre y todo... ¡puñetera cuesta!

Un día de estos, en cuanto me compre una bici como dios manda y mi cuerpo deje de ser de pichiglás... subiré la puñetera Gran Magra.

Rostros del pasado

Hace unos días hubo un entierro. Entré en la iglesia después de tanto tiempo y pensé en aquellas largas semanas de invierno en las que ayudaba al cura en la misa de tarde. Soy incapaz de recordar qué hacía yo allí, ¿para qué sirve un monaguillo?... a parte de tocar las campanas creo que, simplemente, acompañaba y ponía juventud en un lugar cada vez más viejuno. Recordé los rostros que veía desde el altar. Pensé en todas esas personas que puntuales acudían a la misa después de que yo tocara "primeras", “segundas” y antes de “lasmuchas”. Esas personas ya no están, ninguna, se fueron. Las mujeres delante, cerca de los santos, los hombres atrás, al lado del campanario... todas esas personas han sido, algún día desde entonces hasta ahora, protagonistas de su propio entierro. La imagen es clara en mi memoria, las mujeres vestidas de negro, con los negros pañuelos tapando los recogidos cabellos. Los hombres vestidos de oscura pana, enroscándose las boinas al salir, y mi abuelo nombrándome al pasar a su lado, camino de la sacristía. No ha pasado tanto tiempo y sin embargo todo ha cambiado... y no estoy muy seguro de que el cambio haya sido a mejor.

P.D.: primeras, 31 campanadas; segundas, 2 campanadas; lasmuchas, mogollón de campanadas, a tutiplén... Se tocaban las campanas tirando de una larga cuerda que bajaba desde lo alto del campanario... y como eras niño y pesabas poco... podías balancearte con el ir y venir de la cuerda... abajo con tu fuerza, arriba con la fuerza de la campana... ¡todo un arte en vías de extinción!... ¿dónde está, ahora que la necesito, la cuerda de la campana que me eleve al viento?... no descarto colarme en el campanario la próxima vez que pase por la iglesia del pueblo... no lo descarto...

Dando pedales...

Dando pedales en solitario... sin alejarme demasiado de mi pueblo, el campo se muere. El pueblo no es grande y sin embargo, callejeas alguno de sus pueblos vecinos en busca de una fuente... y cuentas más casas abandonadas que habitadas, más pasados que presentes, más residentes en el camposanto que vecinos a los que saludar... Crucificados caminos de oraciones olvidadas, ancestrales tumbas picadas en la piedra de viejos castillos hace siglos abandonados, Iglesias románicas como único referente para no perderse por los blancos caminos y horizontes, inmensos horizontes...


Dando pedales en solitario... cansado, esta tarde esquivaré iglesias y cementerios, buscaré escuelas y plazas, y girasoles, y pinares, y ríos, y huertas, y horizontes más cercanos... y pensaré vivos, jóvenes y nuevos pensamientos.

MR (VI)

Querido hermano Teo:

envía dinero... he pasado todo el invierno comiendo patatas...¡joder!... juraría que esto lo he vivido yo antes.... esta historia me suena... en fin...

El motivo de la presente carta es informarte de mis últimos meses en este pueblo de extraño nombre. He pasado muchas tardes con un hombre llamado Oroncio. Era modisto, que es como un sastre pero con menos caché, y sabe un montón sobre el pasado de este lugar. Yo, que me creía con algo de sabiduría sobre los hablares de estas gentes, he quedado en evidencia. El señor Oroncio me ha puesto a prueba con el siguiente texto:

Esta es la conversación que mantenían en la cocina, la señora Burgundófora con sus hijas Frumencia y Pomposa, y más tarde, éstas con su tía Eustaquia...

-Escuchaime, hijas, lo que sus vua dicir: ¿qué sus paice si trayesemos un güen brazao de ramera yunaldadae perigallos y vayesemos encandilanduna güena chisquereta enelchupón? Questamos tos rilando de la cochura quihace, por questá caendo asperura yamás esta muescuro y no se destinguen vien los ojetos y las presonas, porquentra mu poca clarencia pol postiguillo. Miray, visus ancá la tia Ustoquia y decila que sus de los perigallos que tie debajo la barda. Venga, marchaisus deseguida y volví ascape, que pa luegües tarde.

Las hijas se fueron a casa de su tía Eustaquia y le dijeron:

- Tía Ustoquia, que ha dicho mi madre que vayésemos y trayésemos un brazao de ramera yunaldae perigallos pancandilar una chisquereta nel chupón.

Su tía Eustoquia les conestó:

- Miray hijas, si sus querís dir sus disvais, si sus querís destar sus destais, pero los perigallos y la ramera de la tia Ustoquia no sus la podís llevar, porquel tio Frumencio entuavía nohaescomenzao aescañar los perigallos de los cándalos. Pero pa que no sus marchis en desvarcio, entray con migo al cocedero, que sus doy unas melicianas pá que sus las comáis pá bocadillos.

Como podrás comprender, tu querido hermano no ha sido capaz de pasar la prueba... y es que no he entendido casi nada... yo que me creía docto en el hablar "parameño"... Como ves, es un pueblo complicado. "Entoavía" tengo que aprender mucho más de sus usos y costumbres. Me quedaré por aquí otra temporada... Te envío una foto de unos amigos que me he echado en el transcurso de estos largos meses...


Querido hermano Teo, te lo repito... envía dinero... estoy de patatas hasta la mismísima coronilla...

Se despide de ti, tu hermano que te aprecia,

Muscleto.

P.D.: esta noche ha llovido... mañana hay barro.