
- Hombre, Muscleto, ¡cuanto tiempo!...
- Calla calla, he salido de milagro...
- ¿Salido? ¿De dónde?
- ¿Te acuerdas de Castro Gordo?
- La cueva de Castro Gordo, sí sí...
- Bueno, pues he investigado la leyenda....
- ¿Qué leyenda?
- Esa que dice que la cueva llega hasta la casa de la plaza de la Iglesia...
- ¿Y?, ¿llega?
- ¡¡¡¡ Qué cojones va a llegar !!!!!, me metí en la cueva el Martes y he aparecido, dos días después, en el bar Madrid de Cuéllar...
- ¿En el bar Madrid?, ¡¡¡¡pero qué dices chico!!!!!
- Calla calla, he salido de milagro... Vamos, no me jodas...
Querido hermano Muscleto,
se me hace extraño saber de ti por la Guardia Civil. Jamás imaginé que conocería el nombre del extraño pueblo en el que te hallas a través de una llamada de la Benemérita... ¿A quién se le ocurre aparecer de repente en medio de un bar, atravesando, cual extraviado topillo, las losetas del suelo?, a un ladrón claro... ¿A quién se le ocurre hacer semejante aparición a la hora del vermut?, a un tontaina Muscleto, a un tontaina... Ocultando la vergüenza que me has hecho pasar ante los pocos conocidos que me quedan en la capital, he querido escribirte estas cuatro líneas para descubrirte lo que andas buscando. Veamos, lo que he podido aprender de tus andanzas a través de la agencia de noticias es esto:
"el ingenuo e imprudente individuo que responde a las iniciales de M.R., aseguró a la autoridad personada en el lugar de los hechos, que llevaba días intentando localizar la salida de la cueva que, y siempre según la versión del pobre infeliz, comunicaba la guarida del forajido con la plaza de su pueblo"...
Aquí está la información que he podido recabar con poco perjuicio de mi bolsillo y mucho de mi integridad:
"La leyenda dice que existe una cueva...", (esto bien lo sabes tú), "... a 4 kilómetros del pueblo, donde se escondía un bandolero del siglo XIX llamado Castro Gordo. Hijo y huérfano de curtidores, soldado y prisionero en la Guerra de Marruecos, escapado de la cárcel porque se trajinó a una mora, propietario de un local en Cuéllar (donde ahora está el bar Madrid)...", (¿ves?, por eso apareciste donde apareciste..), "...carlista derrotado... se echó al monte, de bandolero..."
Lo que no logro comprender, querido hermano Muscleto, es qué diablos andabas buscando en la cueva... Dado tu carácter aventurero y las pocas perras que
dices que te quedan supongo que husmeabas el tesoro de Castro Gordo... Querido hermano, hazme caso por una vez en la vida: JAMAS lo encontrarás.
Se despide de ti, tu hermano que te aprecia,
Teo.