Niki de Saint Phalle. Macao

"I became an artist because I had no choice, so I didn't need to make a decision. It was my fate."


Niki es una francesa que conocí en Macao. Veréis. Hace unos años pasé unas semanas en Hong Kong.  No hay muchas fotos que den fe del viaje. Estabamos solos, yo y mi cámara de carrete. Carrete de 36. Después de unos días en Hong Kong decidí embarcar en un ferry, cruzar el Mar de China, y visitar Macao. Para llegar a Macao tendría que tomar 2 autobuses, 2 barcos, 2 controles de pasaportes (¿pero esto es, o no es, China?), aprender a no escuchar un nuevo dialecto del Chino (para no volverme loco) y tragarme los últimos coletazos de un tifón que pasaba por allí... En resumen: ¡me lo pasé pipa!

Alguien me dijo que en Macao hay más casinos que en las Vegas. Era cierto, aunque yo, de los casinos, pasé. Visité un museo, un templo budista, una exposición de caligrafía china (aprendí que escribir en chino es todo un arte,al menos si te llamas Lok Hong) y comí en un restaurante magnífico (el Henri's Gallery) donde me pusieron un delantal y me sirvieron la típica Galinha à Africana. Al parecer, Macao fue colonia portuguesa y los portugueses hacían escalas en sus colonias africanas antes de llegar a puerto. Incluso, de algún modo, Macao se parece a Lisboa. 

Cuando dejó de llover (la mayor tormenta que he visto en mi vida) salí del restaurante y me encontré con un estrecho callejón que llevaba a una plaza cerrada. Jamás, nunca jamás, se os ocurra meteros en un estrechocallejónchino quellevaaunaplazacerrada. Afortunadamente Macao es China... pero menos. En la plaza había una exposición de arte. Era una especie de tributo a una artista de la que yo no sabía nada. Se llamaba Niki. Disfruté de los colores que manchaban las decadentes paredes de la plaza igual que coloreaban las obras de arte, hechas muchas de ellas con materiales reciclados. Había niños pintando con las manos. Niños tan embadurnados como las cartulinas que trataban de colorear. Había niños pintando a otros niños. Había adolescentes fumando hierbas chinas (o jamaicanas) sentados en un sofá. Vino a mi memoria una noche de fiesta pucelana en la que mi hermano redecoró una pared de su habitación con un bote de pintura azul, usando sus manos como improvisado pincel. Los chavales del sofá tenían su misma cara de... satisfacción. Tomé algunas fotos, Disfruté. Fui artista por un día.


En mi cuaderno de viajes anoté las palabras que habéis leído al comienzo de esta entrada. No había vuelto a ver a Niki, hasta hoy. Google ha tenido a bien dedicarle un Doodle en el día de su cumpleaños. Seguro que Niki vive ahora en un universo de colorines... ¡feliz cumpleaños Niki!

Después de 2 autobuses, 2 barcos y 2 controles de pasaporte, regresé a Hong Kong. Todo seguía igual.

Saludos

Lydie. Lafebre y Zidrou


"Al fin y al cabo, ¿por qué hacer el mal cuando resulta tan sencillo hacer el bien?"

Cada año, en el callejón del bebé con bigote los vecinos se reúnen el primer domingo de Julio y celebran juntos que todos son bigotudos. Su nombre oficial es "Callejón Barón Van Dick", pero... ¡qué le den al Barón Van Dick! En el número 3 Bis del callejón del bebé con bigote, en un nicho en la pared, vive una estatuilla de madera de haya, un poco de pintura y unos retales de tela. Si algunos quieren ver otra cosa en ella, es cosa suya. No hace milagros. Sin embargo, en el callejón del bebé con bigote vive Lydie, un milagro chiquitín, cotidiano, una pequeña ilusión...


De Zidrou,  un belga que vive en Andalucía, hablamos una vez, aquí. En Lydie acompaña su cuidado guión con los detallados dibujos de Jordi Lafebre. Es una historia tierna, sobrecogedora, nostálgica, melancólica y triste. Pero también es una historia llena de esperanza que enseña cómo la ilusión y la amistad son las mejores armas contra el infortunio. 

Recomendado para soñadores que alguna vez hayan visitado pequeños pueblos franceses donde nunca pasa nada. No recomendado para madres embarazadas.

Saludos

Michael Nichols

"Mientras el crepúsculo pintaba de lavanda el horizonte del Serengeti a nuestras espaldas, pusimos rumbo una vez más a los kopjes Zebra. Nichols y Peck seguían allí, con la manada Vumbi, que había pasado el día descansando en la hierba y empezaba a rugir: primero una voz, después otra y al final tres juntas, que resonaban a través de la llanura bajo un cielo cada vez más oscuro y con una delgada luna creciente. Los rugidos de los leones pueden transmitir diferentes mensajes, y el coro de esa manada tenía un tono misterioso y solitario. Cuando guardaron silencio, nosotros también esperamos una respuesta. Pero no la hubo."
D. Quammen
National Geographic
Sept. 2013.


Nick Nichols es uno de mis fotógrafos favoritos, lo cual no es mucho decir. Supongo que las fotos de Nichols impactan a cualquiera, y un tipo que ha tenido malaria 25 veces, pasa seis meses siguiendo leones, hace 200.000 fotografías de las cuales "solo" publica 13... o está loco o es un genio (posiblemente las dos cosas). Algunas de sus fotografías han colgado de mis paredes durante meses y meses. Uno de estos días le han dado un premio por la imagen de esta entrada. Parque Nacional del Serengeti: cinco leonas descansando con sus crías al atardecer, después de mandar a paseo a uno de los machos de la manada. El reportaje fue publicado en la revista National Geographic en Septiembre del 2013. Nichols quería mostrar leones como nunca antes se habían visto. Se fue a Tanzania y se llevó de todo: "drones" voladores, coches con cámaras, gafas de visión nocturna, cámaras infrarrojas (como la usada para la fotografía del premio), cámaras trampa... En este enlace podéis encontrar la historia completa y valorar si consiguió su objetivo: The Serengeti Lion.
 
Saludos

Mattéo. Jean-Pierre Gribat

  



¿Qué hacía yo allí como un pingüino helándome el pico?. Esperaba a Juliette  todos los martes, cuando venían los barcos de europa a entregar su cargamento de curiosos. Había que ser iluso para esperar reconocer su pequeño moño. Y yo lo era de sobra. Tenía que resignarme. La esperanza debe de congelarse a -40 grados aproximadamente...



Mattéo, hijo de emigrantes españoles en el sur de Francia, huérfano de padre anarquista, desarraigado, sin las ideas muy claras sobre qué hacer con su vida, y enamorado de la mujer equivocada... Al margen de sus deseos estalla la I Guerra mundial y los valientes franceses corren a alistarse voluntarios mientras el pacifista Mattéo se mantiene al margen hasta que... 



En su primera época (1914-1915) Mattéo será testigo de las miserias de la guerra. En la segunda época (1917-1918) Mattéo formará parte de la Revolución rusa, donde se encontrará envuelto de lleno en las intrigas y luchas por el poder entre las distintas facciones. De moribundo soldado a fotógrafo de la revolución. En su tercera época (Agosto 1936) encontramos a nuestro personaje quince días después de que en España estallara la Guerra Civil... Sin embargo Mattéo, que no parece acertar con sus destinos, se marcha de vacaciones a Francia...

El ritmo de la narrativa es pausado, lo cuál desde mi humilde punto de vista, se agradece. En cualquier caso, interese o no la historia aquí contada... sin duda alguna merece la pena dejarse llevar por las preciosas acuarelas empleadas para ilustrar dicha historia.

Saludos

But beautiful

"Cuando terminó de hablar, ella puso todavía más atención en escuchar la música, como quien mira fijamente la fotografía de la amante de su padre tratando de detectar algún parecido.
- Cuánto dolor, cuánta pena -dijo por fin-. Pero... pero... 
- Pero ¿qué? 
- Pero... qué bonito. Como lágrimas besadas - dijo, sonriendo de la tontería que había dicho-. ¿De verdad eres tú?
 - ¿No lo notas?
 - No te conozco. ¿cómo voy a notarlo? 
- No tienes que conocerme. Se nota... Escucha. Es mi voz, son mis manos, mi boca. Todo. Soy yo.
Se quitó la chaqueta. Ella miró los tatuajes tabernarios de su brazo, mirándole de un modo distinto, buscando el origen de la música.
Y mientras ella lo miraba él hizo ademán de tocarle una rodilla, pero en lugar de tocarla mantuvo la mano suspendida a quince centímetros de su piel. Subió la mano por la pierna de ella sin acortar la distancia, de modo que su sombra le acariciara el muslo.
- ¿Sabes cuánto hacía que no estaba tan cerca de una mujer?
Ella permaneció completamente inmóvil, sin ofrecerle nada, mirando a lo lejos, hacia la playa, donde dos niños intentaban inútilmente hacer volar una cometa en el aire tranquilo. él movió la mano para que su sombra subiera por sus piernas, hacia el dobladillo de la falda, por encima del estómago. La música fue apagándose y quedó solo el lejano latido del oleaje."
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¿Se puede escribir la música? Es complicado, al menos eso dicen quienes lo han intentado. Pero hermoso, un libro de jazz es el confuso título de un bonito intento de escribir la música. Lírica colección de historias de alcohol, drogas, racismo, incomprensión y soledad, narradas con la sensibilidad del que ama lo que ve, lo que toca, y lo que escucha.

"Notó que las lágrimas le entelaban la vista y recordó algo que le había dicho una vez un amigo de Chet sobre su forma de tocar, que el modo en que sostenía las notas te hacían pensar en el momento justo antes de que una mujer se eche a llorar, cuando su cara desborda belleza como el agua desborda un vaso y darías cualquier cosa por no haberle hecho daño. Su cara es algo tan sereno, tan perfecto que sabes que no puede durar, pero ese instante, más que ningún otro, posee cierta cualidad de eternidad: cuando sus ojos comprenden la historia de todo lo que alguna vez se han dicho hombres y mujeres. Y entonces le dices "No llores, no llores", consciente de que esas palabras, más que nada en el mundo, la harán llorar."


En cada página puedes imaginar a Geoff Dyer convirtiendo el jazz en poesía, escuchando la música, contemplando viejas fotografías, imaginando las grandezas y misieras de ocho leyendas: al saxo Lester Young, Ben Webster, y Art Pepper; al piano Bud Powell y Thelonius Monk; al contrabajo Charlie Mingus, Chet Baker a la trompeta, y a la dirección, hilvanando todas las historias Duke Ellington y Harry Carney. 

But beautiful es un libro para leer escuchando,... escuchando la fuerza, el sentimiento y la autodestrucción del jazz. Un paraíso sucio, oscuro, complejo... pero hermoso.




Saludos

Everyday


 
 
Everyday - it's a gettin' closer
goin' faster than a roller coaster
love like yours will surely come my way
a hey - a hey hey
Everyday - it's a gettin' faster
everyone says go ahead and ask her
love like yours will surely come my way
a hey, a hey hey
Everyday seems a little longer
every way - love's a little stronger
come what may - do you ever long for
true love from me
 
Everyday - Buddy Holly and the Crickets

No country for old men.

Hace un par de años Loretta y yo fuimos a una conferencia en Corpus Christi y a mí me tocó sentarme al lado de una mujer, era la esposa de no sé quién. Y no paró de hablar, que si la derecha esto, que si la derecha lo otro. No estoy seguro ni de lo que quería decir con eso. La gente que yo conozco es básicamente gente corriente. Gente vulgar, si queréis. Así se lo dije a la mujer y ella me miró con cara rara. Pensó que estaba diciendo algo malo de ellos, pero por supuesto donde yo vivo decir gente corriente es un cumplido. Y ella venga a hablar. Al final me dijo, dijo: No me gusta a dónde va este país. Yo quiero que mi nieta pueda abortar. Y yo le dije: mire, señora, no creo que a usted le preocupe en realidad adónde va este país. Tal como yo lo veo no me cabe ninguna duda de que su nieta podrá abortar. Es más, creo que además de abortar también podrá hacer que le practiquen a usted la eutanasia. Lo cual puso fin a la conversación.

Cormac McCarthy
No es país para viejos


 "No es país para viejos" es una de esas películas que siempre he visto a la mitad. A la mitad del principio, a la mitad del final, o a la mitad de la mitad. Más o menos había entendido la historia, más o menos conocía el argumento, el principio y el final, pero lo que nunca acabé de entender fue el título. Vale, sí, hay un viejo sheriff pero... algo me fallaba. Los monólogos que aparecen en la novela han servido para aclararlo todo. El sheriff Bell es un viejo que ve como su país se va a la mierda, como si el mundo que ha conocido tuviera fecha de caducidad y llevara oliendo a podrido demasiado tiempo. 



La otra cosa son los viejos, y vuelvo otra vez a ellos. Me miran y es siempre con una pregunta en la mirada. Años atrás no recuerdo que eso pasara. No cuando yo era sheriff allá por los años cincuenta. Los ves y ni siquiera parecen confusos. Sólo parecen locos. Eso me molesta. Es como si se despertaran y no supieran cómo han llegado allí. Y en cierto modo así es.

 
El sheriff es un personaje más dentro de una trama de sobra conocida: un cazador que casualmente encuentra dinero del narcotráfico mexicano en medio del desierto y se lo queda; un brutal asesino que le busca para matarle; un ex agente de las Fuerzas Especiales que busca el dinero por orden de un cartel de la droga; y el apocalíptico sheriff Bell al que le gustaría que todo volviese a la normalidad donde habita la gente corriente...



Hace un par de años, en una entrevista un viejo Cormac McCarthy (79 años), preguntado por el pesimismo que impregna su literatura, respondió:

Soy pesimista, pero no infeliz. No me levanto por las mañanas y gimoteo. Creo que el mundo tiene problemas y que los tiempos que corren son difíciles. No me refiero sólo al tema financiero, que estoy seguro preocupa a mucha gente que no puede pagar sus cuentas y tienen hijos que criar. Ahora mismo, son tiempos muy peligrosos para el mundo, no sabemos lo que va a pasar. Si alguien viniese de otro planeta y les enseñásemos una corta versión del siglo XX... Es de locos. No hay ninguna razón para pensar que las cosas van a mejorar y que todo acabará felizmente, eso me parece improbable. Lo siento...

Como veis, para McCarthy, el destino es terrible y la vida no da respuestas... desde luego, lo que me ha quedado claro al terminar el libro es que no es país para viejos, es más, no es mundo para viejos...

 
That is no country for old men. The young
In one another’s arms, birds in the trees
—Those dying generations—at their song,
The salmon-falls, the mackerel-crowded seas,
Fish, flesh, or fowl, commend all summer long
Whatever is begotten, born, and dies.
Caught in that sensual music all neglect
Monuments of unageing intellect.

An aged man is but a paltry thing,
A tattered coat upon a stick, unless
Soul clap its hands and sing, and louder sing
For every tatter in its mortal dress,
Nor is there singing school but studying
Monuments of its own magnificence;
And therefore I have sailed the seas and come
To the holy city of Byzantium.

O sages standing in God’s holy fire
As in the gold mosaic of a wall,
Come from the holy fire, perne in a gyre,
And be the singing-masters of my soul.
Consume my heart away; sick with desire
And fastened to a dying animal
It knows not what it is; and gather me
Into the artifice of eternity.

Once out of nature I shall never take
My bodily form from any natural thing,
But such a form as Grecian goldsmiths make
Of hammered gold and gold enamelling
To keep a drowsy Emperor awake;
Or set upon a golden bough to sing
To lords and ladies of Byzantium
Of what is past, or passing, or to come.

Saliling to Byzantium
W.B.Yeats

Saludos