
El no lo sabía, pero esa tarde de otoño iba a ocurrir una de esas historias que aquél que tiene la suerte de vivir a menudo, de tanto y tanto vivirlas, es incapaz de sentir. Afortunadamente él no tenía esa suerte. Había pasado un día más de trabajo, cómo tantos otros. Ahora estaba en la estación, esperando el único tren que le llevaría a casa. Tenía tiempo, tomaría un café. La cafetería de la estación era de esas modernas en las que la barra es como una isla en medio de un mar de sillas, mesas y tauretes, sin pared alguna que indique donde comienza y donde termina. Detrás de la barra, allá dónde debería haber un cristal, no había nada, y era posible ver el otro lado de la cafetería, ver la estación y sus movimientos. Y absorto en sus pensamientos, allí es donde él dirigió su mirada. Y se encontró con un espejo. Por un momento lo creyó así. Ella le miraba a los ojos desde el otro lado. Su mirada se colaba entre la máquina de zumos y una estantería llena de botellas de ron. Pasó una milésima de segundo de más y supo que estaba llegando al límite, ella miraría hacia otro lado de un momento a otro, pero no lo hizo, y él, tampoco. Ninguno de los dos desvió la mirada. El camarero se acercó y ella tuvo que inclinarse un poco para poder seguir mirando en los ojos de él. Sin duda, era a él a quién ella buscaba. Pensó que estaba equivocada, por un momento sintió que ella realmente creía que allí había un espejo y por eso al encontrarse con su mirada, sonreía. Ahora estaba feliz, él era su espejo. Se puso nervioso, extrañamente excitado. Algo le distrajo, un ruido, una palabra dicha a su lado por una persona anónima. Cuando miró de nuevo, la mujer seguía allí, y su mirada también. Bebía de una taza de café. Estuvo tentado de acercarse a ella y preguntar. Hola, ¿nos conocemos?. Pero sabía que ella sabía que no se conocían de nada, y no quería preguntar algo tan evidente. Sin embargo, no pudo o no quiso detener a su imaginación...Hola ¿nos conocemos?, Hola, creo que no, Soy Lucas ¿y tú?, Me llamo Raquel, Encantado Raquel, Encantada Lucas, Y tú, ¿vas o vienes? Sonrió mirando hacia los andenes, lejos de ella, y se dió cuenta al instante de que ella sí le miraba a él. El día, que no había sido especialmente amable, se había iluminado, y supo que esa mujer, esos ojos, habían conseguido cambiar su estado de ánimo. No quería nada más. Volvió a mirarla para comprobar lo que ya sabía. Se alejó de allí, sonriendo, dejando tras de sí a la mujer. En el último momento, justo antes de bajar las escaleras de la estación se giró. La figura de la mujer era realmente hermosa. Sentada de espaldas a él, apoyados los codos en la barra, bebiendo de su taza. Ella no se giró y él se sorprendió a sí mismo admirando el cuerpo de ella. Jamás volvería a verla.