Destino: Sants.

El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.
Giovanni Papini.Escritor italiano.

Hace unos días estuve en Barcelona. De paso. Sants es una estación fea. Que nadie se ofenda, hay muy pocas estaciones bonitas. Sants no es una de ellas. Es fea. Si estás allí con tiempo, entre tren y tren, lo más sensato que puedes hacer es irte. Si lo piensas bien hay un montón de sitios donde uno entra, y lo mejor que puede hacer es irse... un montón, pero esa es otra historia.

Camino por la calle bajo hordas de banderas catalanas. Curiosamente no veo ninguna reclamación sobre la Educación, la Cultura, o la Sanidad... Supongo que todos esos carteles: Educación Pública, Cultura Gratis, Sanidad Universal, están detrás de las senyeras... Digo yo. Y allí, sentada en un banco cualquiera de una calle cualquiera, está ella. Una mujer de mi edad, más o menos. Ella dirá que es más joven, yo diré la verdad. Viste ropa informal, casi deportiva, zapatillas de colorines chillones que se ven desde el otro lado de la ciudad. ¿Habrá salido a hacer deporte?. No lo parece. Está sentada cruzadas las piernas, muy cómoda, hablando por el móvil. Me siento en el mismo banco, los pies donde debería estar el asiento, el asiento en el respaldo. Pienso qué hacer con mi tiempo muerto. Escucho su conversación sobre ir y venir y dejar de ir y dejar de venir. Decido que no estoy cansado y sigo caminando. Me pierdo en Barcelona. 

Me encuentro en Sants a tiempo de tomarme un café antes de subir al tren. Mala idea. El café es caro y malo. Parezco nuevo... Levanto la vista de mi libro y allí, sentada en una mesa cualquiera de una cafetería cualquiera, está ella. La mujer de las zapatillas chillonas. Sentada frente a mí, con su propio café, tan malo como el mío, supongo... Me mira perdonándome la vida. No me atrevo a sonreír. Estamos en una zona de la estación a la que puede acceder cualquiera, sin control alguno... ¿pensará que la estoy siguiendo? ¿por qué yo no pienso, ni por un momento, que ella me está siguiendo a mí....? ¿Viene a tomar un tren?, no creo... no lleva apenas equipaje. Yo tampoco.

 
No termino mi café, me levanto, paso el control de seguridad. Me voy al andén. Llega el tren. Coche 7. Asiento 4D. Me instalo. Veo a la mujer de las zapatillas chillonas caminando por el andén.  Veo a la mujer de las zapatillas chillonas entrando en el Coche 7. Mi tren, mi vagón. Camina por el pasillo buscando su asiento. Se acerca. Me ve. Me mira. Se extraña. Se sorprende. Llevo ventaja. Yo la vi antes, yo no me sorprendo, yo creo en el destino... Ella no. Se sienta en el asiento 5A. Un vagón cualquiera de un tren cualquiera. Ella no vuelve a levantar la vista de su iPhone en todo el viaje. Después, 3 horas después, el mismo destino que había intentado unirnos tres veces en el mismo día, nos separó para siempre...