El nosequé de nosequé

En este país que nos ha tocado no nos gusta escuchar. Uno intenta contar algo y nota como el otro, el supuesto escuchante, te mira pensando "a ver si termina de hablar este para poder comenzar a hablar yo"... A todos nos pasa. Nos interrumpimos, hablamos todos al mismo tiempo, cruzamos conversaciones encima de la mesa... en definitiva, ¡un sindios!. Como consecuencia, muchas veces hablamos atropelladamente, con impaciencia, buscando terminar todo nuestro discurso antes de que el otro me interrumpa dejando mi gran historia... inconclusa. Y así, poquito a poco, perdemos palabras... ¿porqué?, pues porque no la encuentro en mi cabeza, dudo... y ante la duda,... digo "cosa", "ese" o "aquello",... en lugar de decir "alacena", "muñeco" o "azúcar"...
Ayer, caminando por la calle, escuché como una mujer dijo a otra "... el nosequé de nosequé...". La mujer que escuchaba la miró sin entender nada y comenzó una conversación que, a mi entender, no tenía nada que ver con nada de lo que estuvieran hablando previamente...
Me pregunto cómo se dice en otros idiomas "el nosequé de nosequé"...
Me pregunto si en otras culturas la gente sabe escuchar...

3 comentarios:

Nombre: Sianakrom dijo...

Perdón? Decías...

SARA dijo...

Hay una palabra para definir esa confusión de no escuchar y no sentirse escuchado.
Ésta enemiga es "la prisa" y es la culpable de que no podamos saborear los pequeños momentos...
Lo gracioso del tema es que alguna vez he reflexionado y me he preguntado ¿!prisa para hacer qué!? y no he sabido darme una respuesta convincente.
Sin embargo, ahora he acertado. He dado con un lugar en el que me apetece escuchar a alguien por primera vez en mucho tiempo... y devolver de algún modo su confianza en el ser humano....

Isaac dijo...

- Buenos días – dijo el principito.

- Buenos días – dijo el vendedor.

Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que calman la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber.

- ¿Por qué vendes eso? – dijo el principito.

- Es una gran economía de tiempo – dijo el vendedor. – Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.

- ¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?

- Se hace lo que se quiere...

"Yo - se dijo el principito – si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría lentamente hacia una fuente..."