Bastón de mando

Así empezó todo:
Presidenta: Bueno, pues como ya sabéis todas, esta reunión es para elegir la Alcaldesa y para hablar de lo de la comida...
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Esther (puesta en pie, con castellana resolución): ¿Qué pasa?, ¡qué me vais a votar todas!, ¿no?... Pues vale, no hace falta, ya soy yo y no pasa nada
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Presidenta: muy bien Esther, ahorro de bolígrafo y de tiempo...
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Y como consecuencia de esta conversación, la señora Esther, mi madre, ha ejercido de Alcaldesa el día de Santa Águeda. Para los no iniciados en el Santoral, os pongo al día. Santa Agueda era una muchacha siciliana de buena familia y de buen ver que vivió allá por el 230. Vete tú a saber porqué, ofreció a Dios su virginidad. Y entonces, como pasa casi siempre en estos casos, apareció por allí un tal Quinciano, poderoso bichejo del lugar, que se la quería beneficiar. La moza no se plegó a los deseos del señor, ni más que perra, y el hombre, soberbio y enojado, mandó que le dieran martirio. Le cortaron los pechos y fue quemada en la hoguera. El Santoral afirma que una gran nube negra bajó del cielo para proteger su desnudez. El Santoral no lo dice, pero los que contaron la historia aseguran que Quinciano fue muerto por un rayo (por capullo). Las mujeres casadas la tienen por patrona, y piden su protección cuando amamantan a sus hijos, para que no les falte leche ni se agrieten sus pechos. En mi pueblo hay una imagen de la santa con los pechos en una bandeja, y cada 5 de Febrero las mujeres del pueblo se visten de churras (traje típico del lugar), sacan la imagen en procesión y danzan bajo su mirada. La Alcaldesa recibe un bastón de mando y se lo queda todo el año... ¡para mandar! Mi madre suele mandar en casa... pero ahora, con bastón y todo... ¡qué Dios nos pille confesados!