MR (IV)

-Muscleto, tú, ¿nunca has pensado en meterte árbitro de fútbol?
-¡Tócate los huevos!, ¿y éso a qué viene?
-Estaba leyendo en el periódico los nombres...
-¿De los árbitros?
-Sí, mira: Umbiano, Lechuga, Tulienzo, Malenco, Araña, Mearrejunto ...
-Jodo, ¿y se llaman así?
-Sí, bueno, son apellidos, los nombres son más normales: Alberto, Javier, Manuel, Enrique... ¡qué cosas!...
-Ya, pero YO SÍ me llamo Muscleto. Muscleto, de nombre.
- ...
- ...
-Lo tuyo es peor.
-Ya te digo...

Ya sé que a ustedes mi vida no les interesa, pero ya que están por aquí déjenme que les cuente... De árbitro nunca, pero anda que no he trabajado yo en sitios raros.... Recuerdo aquel año en los San Fermines, repartiendo periódicos a las 7 y media de la mañana... El Adelantado de Pamplona, ¡cómo corría detrás de los mozos!, "¿periódico?, ¿periódico?, ¿periódico?, ¡Trae pa'ca' majete!, Gracias señor, son 2 pesetas, Ahí te van tres, para que te compres unos pantalones largos..." Cómo disfruté de esas Fiestas. Y conocí a mi primer amor, el vino tinto en bota de pitorro fino... ¡viva el vino!... De ahí pasé a fregar la Estafeta, la calle no, la de correos y telégrafos, pero mi juvenil cuerpo no se adaptó con facilidad al mocho y me largué. Siguiendo mi afición al sabroso morapio, me incorporé como aprendiz en una bodega de la Rivera del Sequillo. Me asignaron a la sección de tapones. ¿Mi misión?, sencilla, poner tapones. Y conocí a mi segundo amor, el afinado verdejo... De allí, de la bodega, salió mi siguiente trabajo, por llamarlo de algún modo. Una adinerada mujer me contrató para espantar las avispas de su piscina. No crean ustedes que tenía un nido de avispas en el jardín, nada más lejos de la realidad, simplemente tenía pánico a las chaquetas amarillas. Y así es como me pasé todo el verano del 16, espantando a los dichosos bichitos. A decir verdad, una labor bastante humillante, pero, qué duda cabe, bien pagada... Ya entonces era yo bastante pragmático con mis quehaceres...

Recuerdo otra aventura peculiar que aconteció después de la mili. Había hecho amistad con el cabo primera encargado de izar la bandera al son del glorioso himno, y coincidió que el muchacho se licenció al mismo tiempo que yo... pues bien, montamos una empresa de mástiles para bandera, pero duró poco... Con la llegada de la democracia nos fue bien, mucha gente por las calles y muchas banderas, pero después, con la revolución china del 17, hubo que dejarlo. Los chinos habían invadido Madrid y yo, ni corto ni perezoso, les pedí empleo. Reconozco que acudí presuroso en auxilio del vencedor, pero estarán de acuerdo conmigo: hay que comer caliente día sí y día también, ¿o no?. "Xixi regalos" se llamaba el lugar, debo ser el único español que ha trabajado en un bazar chino, ¡ahí lo llevas, en plena Castellana!, ... Pasé después por una empresa de productos de un sólo uso,... es curioso, por más que lo intento, no soy capaz de encontrar en mi memoria qué productos vendíamos, ¡y éso que yo era el comercial!... Hay que tener en cuenta que por aquel entonces estudiaba en la Universidad... tengo los recuerdos algo alborotados en mi cocotera... Más tarde me incorporé a la famosa "Lo bordamos S.L.", empresa de corte y confección. Allí conocí a mi tercer amor, se llamaba Maripili... ¡qué manos!, ¡cómo bordaba la mozita!... Luego vino lo de las máquinas tragaperras... pero esperen, por favor, que estoy llegándome a casa, abro el buzón y enseguida estoy con ustedes... Anda mira, una carta, ¿será la que yo esperaba?... bonito sobre.... veamos,.... Remitente: "Colegio Público del Circo".... mmmmm... ya sé que a ustedes mi vida no les interesa, pero...