El valor de intentarlo

"Sólo soy una persona, pero sin embargo soy una persona.
No puedo hacerlo todo, pero sin embargo puedo hacer algo;
y porque no pueda hacerlo todo,
no voy a rechazar la oportunidad de hacer aquello que puedo hacer."
H.K.

Hastiado de ganadores estirados levantando el brazo en sus podios de oro, me dejé arrastrar por una historia que esta mañana llegó a mi. Quizás no todo ocurrió exactamente así, quién sabe:

1882. 19 meses después de nacer, Helen Keller, se queda sorda, de no oír, y ciega, de no ver. "Matadla", les dicen a sus padres, "evitad el infierno en el que se convertirá su vida". Pero Anne Sullivan no piensa así. Ella la ayudará. Helen toca una muñeca y Anne deletrea la palabra muñeca, "doll", en su mano. La maestra arroja agua helada en una de las manos de la niña y al mismo tiempo escribe la palabra agua, "water", en la otra mano... Y la niña aprende a leer y a hablar, siempre con ayuda de Anne... Helen fue a la universidad, se graduó, publicó libros, dio conferencias, luchó para mejorar las condiciones de vida de los ciegos, hasta entonces rezachados y educados en asilos, y fue activista en favor de los derechos de la mujer y los trabajadores...

1955. 15000 personas abarrotan la Universidad de Harvard para acudir a la ceremonia de Doctorado Honoris Causa de una mujer, Hellen Keler. El rector de la Universidad presenta a la señora Keller. En el estrado, un traductor le retransmite el discurso del catedrático mediante pequeños golpecitos cifrados de los dedos del traductor sobre la palma de la mano de la homenajeada. El rector dice:

"Es un halago para nosotros y un honor para mí recibir esta noche a una de las personas que más admiro. Una mujer que, habiendo nacido con muchísimas menos posibilidades y recursos que cualquiera de nosotros, ha llegado donde ninguno ha siquiera pensado en llegar. Señoras y señores, nuestra Doctora en Filosofía, Hellen Keller."

Después de una gran ovación, que ella no puede ver ni oír, Helen Keller sube al estrado, pide al traductor que la deje sola frente al micrófono y con la manera gutural de pronunciar de las personas sordas, dice:

"Estoy de acuerdo con el señor rector en algunas cosas, pero no en otras, deberá disculpárseme, es parte de la deformación profesional de los filósofos (la gente sonríe y aplaude). Estoy de acuerdo por ejemplo, en que soy una mujer digna de admiración, (más risas y más aplausos), pero disiento firmemente en el argumento. No soy admirable por lo que conseguí habiendo nacido con mi discapacidad. Soy admirable, en todo caso, por el solo hecho de haberlo intentado a pesar de todas las dificultades, por mi insistencia y por mi decisión de seguir adelante una y otra vez, después de cada fracaso."