Conversaciones en el bar


Son curiosas las conversaciones en un bar de pueblo. Se sienta uno frente a la barra y puede escuchar desde lo más intrascendente hasta la más alta filosofía y todo ello sin cambiar de personajes.... y menudos personajes. No, no creo que Maximino haya sido capaz de quemar los rastrojos, Pues ya ves, yo creo que sí, Pero no ha dicho antes que si los quemas te quitan la ayuda europea, Coño, pues por eso, Pues por eso, ¡no!, Le he dicho yo antes, esta tarde va a llover, ¿Y?, Y ha salido pitando, a quemar la tierra, fijo,... Y mientras todo esto escuchaba, pensaba yo en el índice nikkei y en lo poco importante que la crisis económica es para estos señores que así discutían sobre las dotes incendiarias del tal Maximino y pensaba también en lo evidente para ellos y desconocido para mi, quemar rastrojos es mejor con el tiempo lluvioso. Por supuesto, Maximino es un nombre inventado, sé como son las cosas en ese pueblo y Dios me libre de poner el nombre real del personaje que ellos aludían. Poco antes, en el mismo bar, otro lugareño vendía lotería con recargo para comprar unas andas nuevas, con ruedas y todo, para el Nazareno (es que pesa demasiado). Visto así, normal, pero siempre hay algún impío que pone en duda la utilidad de sacar al santo a base de empujones a un carrito con ruedas, Eso ni es devoción ni es nada, Ni abre las puertas del cielo, Eso no da puntos, fijo que no....