Cuando, por primera vez, vi mi rostro reflejado en tus ojos. Supe entonces que tú eres parte de mí y yo, también, parte de ti. Pensé, loco de mí, que era esa, y no otra, la imagen que elegiría para mi última despedida.
Cuando, por primera vez, te hice sonreir. Entonces me hizo llorar, sí, pero sé que siempre me alegrará tu sonrisa.
Y cuando, por primera vez, cantamos juntos la canción del circo. Sentí nostalgia del niño que fui. Eres tú quien ahora me dice a mí: "Ikiki" "Ikiki", igual que antes era yo quien decía a mi papá: "oto paí, ota ciudá", igual que ahora eres tú quién grita a los cuatro vientos... "¡¡¡¡¡¡ corasóoooooooo !!!!!!"
Gracias a "Ikiki", allá donde quiera que actúe esta noche, por darnos a mi padre, a mi hijo y a mí mismo, algo que nos unirá por siempre jamás.
Os dejo mi último descubrimiento... con qué poquito nos reíamos en los setenta...
Un abrazo