PARA LOS SIN VOZ
por el Niño Salvaje
Hablo por los que no pueden hablar, por los sin voz. Alzo la voz y agito los brazos y grito por aquellos a los que no veis, o quizá no podéis ver, por los invisibles. Por los pobres, por los desposeídos, por aquellos a los que se ha privado del derecho a voto; por las víctimas de la denominada Guerra contra la Droga, por los ochenta mil asesinados por los narcos, por la policía, por el ejército, por el gobierno, por los compradores de drogas, y los vendedores de armas, por los inversores en sus torres relucientes que han invertido su "nuevo dinero" en hoteles, centros turísticos, grandes almacenes y viviendas a las afueras.
Hablo por los torturados, los quemados y los despellejados por los narcos, apaleados y violados por los soldados, electrocutados y medio ahogados por la policía.
Hablo por los veinte mil huérfanos, por los hijos que han perdido a uno o ambos progenitores y cuya vida ya no volverá a ser la misma.
Hablo por los niños muertos, tiroteados en fuegos cruzados, asesinados junto a sus padres, arrancados del útero de sus madres...
Y aquí tienes que parar, tomar aire y seguir leyendo uno de los últimos capítulos de "El Cártel", de Don Winslow. Acostumbrado ya a la violencia extrema que relatan sus páginas. Acostumbrado a no temer la descripción seca, burda, simple, llana, de tantas torturas, asesinatos, violaciones, secuestros... Don Winslow consigue su objetivo: ilustrar el día a día de una ciudad con el color de la brutalidad extrema, pintar cada calle con el sabor de la sangre inocente (y culpable), y aturdir a sus lectores con el silencio del miedo. ¿Has oído hablar de Ciudad Juarez? Tranquilo, el señor Winslow te pone al día de lo que allí ocurrió hace no tanto tiempo.
Dicen que el amor lo puede todo.
[...] se equivocan.
El odio lo puede todo.
Puede incluso con el odio.
¿Crees que existe la Guerra contra la droga? Tranquilo, el señor Winslow te contará la verdad.
Sois todos culpables.
Todos sois el cártel.
Y sois culpables.
¿Crees que hay esperanza? Tranquilo, el señor Winslow te explica tu error.
Pronuncio estas últimas palabras y ahora me mataréis por ello.
Solo os pido que me enterréis en la fosa común con los sin rostro y los sin nombre, sin una lápida.
Prefiero estar con ellos que con vosotros.
No se te ocurra leer esta novela en los próximos días de paz, armonía y felicidad. Terminarías vomitando. No se te ocurra regalar esta novela a nadie. Igual te la tira a la cabeza después de las 10 primeras páginas. No se te ocurra leer esta novela sin leer antes "El poder del perro". Y, por supuesto, si valoras en algo tu tiempo, no se te ocurra no leer "El cártel".
>>Entonces, ¿qué piensas hacer?
>>¿Coger tu pensión, buscarte un piso en Scottsdale y convertirte en ese hombre patético de mediana edad que te encuentras en los bares de temática deportiva a las dos del mediodía? ¿Ponerte a jugar al golf? ¿Fabricar cerveza artesanal? ¿Leer libros espléndidos? ¿Andar por ahí hasta la biopsia con mal resultado y, entretanto, convencerte de que no has hecho lo que has hecho ni visto lo que has visto, de que tus pesadillas son fantasías y no solo una interpretación algo más surrealista de tu surrealista vida?
>>Puede que haya cosas peores que morir en Dos Erres.
Saludos
