"Sentado a lo sastre en el ojo de aquel yermo convertido en cráter vio desdibujarse las márgenes del mundo en una conjetura espejeante que circundó el desierto. Al poco rato se levantó y fue hasta el borde del hondón y remontó el cauce seco de un arroyo, siguiendo las pequeñas huellas demoníacas de unas jabalinas hasta que las encontró bebiendo en una charca. Los venablos huyeron bufando por el chaparral y él se tendió en la arena pisoteada y húmeda y bebió y descansó y volvió a beber."
Mediriano de Sangre
Cormac McCarthy, 1985
El bien no existe en Meridiano de Sangre. McCarthy dibuja, con su demoledor lenguaje, una novela donde el mal campa a sus anchas y la piedad no existe. El alma humana viajando en un macabro paseo por el infierno con el mismísimo Diablo ejerciendo de cicerone. La barbarie inunda sus páginas y no da tregua. La novela narra el viaje circular de una banda de mercenarios contratados por el gobernador de Chihuahua para masacrar índios en la frontera entre México y Estados Unidos. La frontera del mal, un paisaje que actúa como un personaje más, el desierto, las montañas, el polvo del camino,...
“Jinetes espectrales, pálidos de polvo, anónimos bajo el calor almenado. Por encima de todo parecían ir totalmente a la ventura, primordiales, efímeros, desprovistos de todo orden. Seres surgidos de la roca absoluta y abocados al anonimato y alojados en sus propios espejismos para errar famélicos y condenaos y mudos…”.
Una orgía continuada de violencia brutal donde la crueldad se presenta como algo necesario, inevitable y natural. Literatura en estado puro. Un libro difícil de leer, denso, profundo y contundente. Se recomienda hacerlo sin prisa y con el estómago vacío.
Saludos
