Una de ilusión, por favor

Hay gente que compra el roscón de Reyes el 20 de diciembre y cuando llega la noche mágica del 5 de enero, lo tienen caducado. Suele coincidir con ese tipo de personas que no tienen razones pero, aún sin ellas, dicen frases como "a mi la Navidad no me hace ilusión". Pero cómo vas a tenerla, si vas a tu puñetera bola, si te da igual 8 que 80 y lo quieres todoahoraya...¿? Hoy, por ser el día que es, quiero reivindicar la ilusión. Y además, especialmente, la de la cosas pequeñas. La que todos tuvimos alguna vez al encontrarnos con la primera bicicleta en el balcón (y si estaba en el balcón y la persiana estaba bajada, éso era prueba irrefutable de la existencia de los Reyes Magos). La ilusión de aquel fuerte comanche encima de los sacos de abono (entonces no teníamos almacén y el abono se guardaba en el garaje de casa). O la de aquella pista de carreras con un camión en sentido contrario y un coche rojo que corría mucho menos que otro amarillo (con carta de Baltasar incluida, nueva prueba de su innegable existencia). La misma de aquella vez en la que no había regalos y entonces la señora de la casa se inventó una caja llena de pequeñas ilusiones: un lápiz, una goma de borrar, un camión pequeñito de metal, un regaliz... Hoy quiero reivindicar la ilusión que me hace a mi, todos los años, acercarme a una pastelería y comprar un roscón de Reyes el día 5 de Enero. De grandes ilusiones aún no he aprendido a vivir, quizás sea porque no las he tenido, no lo sé. En cualquier caso, de momento... entreno con las chiquititas.

Feliz noche y hermoso despertar.