Hace un par de años Loretta y yo fuimos a una conferencia en Corpus
Christi y a mí me tocó sentarme al lado de una mujer, era la esposa de
no sé quién. Y no paró de hablar, que si la derecha esto, que si la
derecha lo otro. No estoy seguro ni de lo que quería decir con eso. La
gente que yo conozco es básicamente gente corriente. Gente vulgar, si
queréis. Así se lo dije a la mujer y ella me miró con cara rara. Pensó
que estaba diciendo algo malo de ellos, pero por supuesto donde yo vivo
decir gente corriente es un cumplido. Y ella venga a hablar. Al final me
dijo, dijo: No me gusta a dónde va este país. Yo quiero que mi nieta
pueda abortar. Y yo le dije: mire, señora, no creo que a usted le
preocupe en realidad adónde va este país. Tal como yo lo veo no me cabe
ninguna duda de que su nieta podrá abortar. Es más, creo que además de
abortar también podrá hacer que le practiquen a usted la eutanasia. Lo
cual puso fin a la conversación.
Cormac McCarthy
No es país para viejos
"No es país para viejos" es una de esas películas que siempre he visto a la mitad. A la mitad del principio, a la mitad del final, o a la mitad de la mitad. Más o menos había entendido la historia, más o menos conocía el argumento, el principio y el final, pero lo que nunca acabé de entender fue el título. Vale, sí, hay un viejo sheriff pero... algo me fallaba. Los monólogos que aparecen en la novela han servido para aclararlo todo. El sheriff Bell es un viejo que ve como su país se va a la mierda, como si el mundo que ha conocido tuviera fecha de caducidad y llevara oliendo a podrido demasiado tiempo.
La otra cosa son los viejos, y vuelvo otra vez a ellos. Me miran y es
siempre con una pregunta en la mirada. Años atrás no recuerdo que eso
pasara. No cuando yo era sheriff allá por los años cincuenta. Los ves y
ni siquiera parecen confusos. Sólo parecen
locos. Eso me molesta. Es como si se despertaran y no supieran cómo han
llegado allí. Y en cierto modo así es.
El sheriff es un personaje más dentro de una trama de sobra conocida: un cazador que casualmente encuentra dinero del narcotráfico mexicano en medio del desierto y se lo queda; un brutal asesino que le busca para matarle; un ex agente de las Fuerzas Especiales que busca el dinero por orden de un cartel de la droga; y el apocalíptico sheriff Bell al que le gustaría que todo volviese a la normalidad donde habita la gente corriente...
Hace un par de años, en una entrevista un viejo Cormac McCarthy (79 años), preguntado por el pesimismo que impregna su literatura, respondió:
Soy pesimista, pero no infeliz. No me levanto por las mañanas y gimoteo. Creo que el mundo tiene problemas y que los tiempos que corren son difíciles. No me refiero sólo al tema financiero, que estoy seguro preocupa a mucha gente que no puede pagar sus cuentas y tienen hijos que criar. Ahora mismo, son tiempos muy peligrosos para el mundo, no sabemos lo que va a pasar. Si alguien viniese de otro planeta y les enseñásemos una corta versión del siglo XX... Es de locos. No hay ninguna razón para pensar que las cosas van a mejorar y que todo acabará felizmente, eso me parece improbable. Lo siento...
Como veis, para McCarthy, el destino es terrible y la vida no da respuestas... desde luego, lo que me ha quedado claro al terminar el libro es que no es país para viejos, es más, no es mundo para viejos...
That is no country for old men. The young
In one another’s arms, birds in the trees
—Those dying generations—at their song,
The salmon-falls, the mackerel-crowded seas,
Fish, flesh, or fowl, commend all summer long
Whatever is begotten, born, and dies.
Caught in that sensual music all neglect
Monuments of unageing intellect.
An aged man is but a paltry thing,
A tattered coat upon a stick, unless
Soul clap its hands and sing, and louder sing
For every tatter in its mortal dress,
Nor is there singing school but studying
Monuments of its own magnificence;
And therefore I have sailed the seas and come
To the holy city of Byzantium.
O sages standing in God’s holy fire
As in the gold mosaic of a wall,
Come from the holy fire, perne in a gyre,
And be the singing-masters of my soul.
Consume my heart away; sick with desire
And fastened to a dying animal
It knows not what it is; and gather me
Into the artifice of eternity.
Once out of nature I shall never take
My bodily form from any natural thing,
But such a form as Grecian goldsmiths make
Of hammered gold and gold enamelling
To keep a drowsy Emperor awake;
Or set upon a golden bough to sing
To lords and ladies of Byzantium
Of what is past, or passing, or to come.
Saliling to Byzantium
W.B.Yeats
Saludos
